Isabella llevaba casi media hora frente al espejo.
Se había cambiado tres veces, probado dos peinados y descartado un vestido. Al final, eligió un pantalón de tela color beige, una blusa ajustada blanca y una chaqueta corta. Michelle le había dicho que no era nada formal, pero sus nervios no le permitían arriesgarse.
Cuando sonó el timbre, su corazón dio un salto.
Abrió la puerta, y allí estaba Michelle, con una sonrisa tan cálida que la dejó sin aire.
—Hola, princesa —saludó él, recorriéndola