Estoy enamorada de un Ogro.
Anna despertó lentamente. Sentía la mano cálida de Lissandro entrelazada con la suya. Él estaba dormido, sentado junto a la cama, con la cabeza apoyada cerca de ella, sin soltarla en ningún momento.
Anna sonrió con ternura y, con la mano libre, acarició su cabello. El gesto lo hizo despertar de un salto.
—Pequeña… ¿cómo te sientes?
—Mucho mejor —respondió ella, acariciando su mejilla.
Lissandro llevó la mano de Anna hasta su rostro y la apretó contra su mejilla, cerrando los ojos.
—Tenía tanto