El golpe del agua helada fue lo primero.
Anna aspiró con fuerza, el aire le quemó los pulmones mientras un jadeo desesperado se le escapaba del pecho. Tosió, sintiendo cómo el frío le recorría la piel empapada, clavándose en los huesos. A su lado, Agatha reaccionó igual, sacudiendo la cabeza, tratando de orientarse, con el cuerpo temblando sin control.
—¿Qué…? —logró murmurar Anna entre toses.
El suelo era de cemento. Frío. Húmedo. El aire olía a encierro, a polvo y a óxido. Cuando intentaron m