La camioneta avanzaba por el camino de tierra, dejando atrás el bosque y el eco lejano de los disparos.
Adentro, el mundo se había reducido a dos.
Lissandro iba sentado en el asiento trasero, con Anna acomodada sobre sus piernas, abrazándola fuerte, como si soltarla fuera una posibilidad inconcebible. Un brazo firme alrededor de su espalda; el otro, apoyado en su cintura, marcando un límite claro entre ella y todo lo que quedaba afuera.
Anna se acurrucó más contra su pecho.
Cerró los ojos, resp