Camelia guarda silencio, manteniendo la mirada de Ariel hasta que, finalmente, aparta los ojos. No deja de tener razón lo que le dice su jefe; sin embargo, ella nunca ha sido dada a contar su miserable vida familiar a nadie. No obstante, aparecerse sola en la boda de su hermana le aterra más que ser sincera con su jefe. Toma otro sorbo de vino, exhala profundamente y decide abrirse.
—Verá, señor —comienza Camelia, mostrando su reluctancia—, no quería hacer esto. Pero usted tiene razón. Le contar