Mundo ficciónIniciar sesiónMientras la abraza, le dice que ella la había salvado. La había traído a la ciudad y apoyado en la universidad. Gracias a ella había escapado de las garras de sus padres y su hermana.
—Sí, me salvaste, abuela. Al no poner la fábrica a nombre de papá, por el miedo a perderla, me dejaron tranquila. ¡Me salvaste, abuela, me salvaste! —y se echa a llorar abrazada a la anciana, llenándola de besos.La abuela la est






