Ella es lo único que tengo.
—¡Montserrat! —grita Patricio, desesperado luego de abrir sus ojos y darse cuenta de que ella no está a su lado. Fueron microsegundos en que el cansancio lo venció, se levanta apresuradamente, saliendo de la cueva y comienza a llamarla—. ¡Montse! —No se perdonará si algo le ha pasado, era su responsabilidad, se recrimina—. ¡Montserrat! —vuelve a gritar a todo pulmón, sintiendo que el alma se le escapa mientras los peores pensamientos inundan su mente.
—¡Estoy aquí! —escucha la voz de su amada,