Emitiendo una plegaria al todopoderoso.
—¡Montse! ¡Despierta, nena! —Patricio acerca su oreja a su pecho, pero no siente los latidos. La desesperación se apodera de su ser mientras comienza la reanimación, presionando su pecho incansablemente y brindándole aire boca a boca, pero no reacciona.
Siente que la vida se le escapa junto con la mujer que idolatra. Recuerda las clases de supervivencia con el Pequeño Juan y el francés. Busca desesperadamente dentro de la maleta que Montse le dio la inyección de adrenalina; es su única esperan