Para llegar al infierno no hacía falta morir, solo había que bajar las escaleras adecuadas en el distrito industrial de Cold Harbor.
Kogan dejó atrás la lluvia y el olor a salitre del puerto. Se adentró en la "Boca del Diablo", una entrada de mantenimiento del metro clausurada hace cincuenta años, bloqueada por vallas oxidadas que alguien había cortado con cizallas.
A medida que descendía, el aire cambiaba. Arriba, la ciudad olía a ozono y gasolina. Abajo, en el territorio de los Grim Fang, o