Kogan miró la pantalla de su móvil. La lluvia golpeaba el cristal, distorsionando la luz de la pantalla. Tenía el dedo suspendido sobre un contacto que no había borrado en tres años, aunque sabía que era jugar con fuego.
Mirela.
Llamar a Marcus Hale era trabajo. Llamar a Miller era política. Llamar a una Basarab era invocar a un demonio. Y si alguien de los Clanes lo veía con ella, lo marcarían como traidor antes de que pudiera explicarse.
Pero Kogan pensó en los ojos vacíos de Rook. Pensó e