Kogan salió del despacho buscando aire, pero lo que encontró fue a Aurelian Voss esperándolo en el pasillo.
El antiguo agente vestía impecable, como siempre, ajeno a la humedad y a la sangre que todavía manchaba las botas de los guardias. Llevaba una tablet en la mano y esa expresión de paciencia infinita que a Kogan le daban ganas de golpear.
—No es buen momento, Aurelian —dijo Kogan, intentando esquivarlo.
—Nunca lo es, Señor —Aurelian le bloqueó el paso con suavidad, caminando a su lado—. Pe