El hierro forjado de la entrada principal de la mansión Santoro se abrió con un gemido pesado, el mismo sonido que Valeria había escuchado durante toda su infancia, pero que ahora resonaba como el pestillo de una celda de máxima seguridad.
La propiedad, ubicada en lo alto de una colina exclusiva a las afueras de la ciudad, ya no era el hogar que recordaba de antes del accidente. Tras la muerte de su padre y la posterior toma de control por parte de Rafael, la arquitectura neoclásica de la mansi