La noche sobre el acantilado se había vuelto de un azul eléctrico y hostil. El viento del océano arrastraba agujas de agua nieve que golpeaban el rostro de Valeria mientras avanzaba por el sendero de tierra. En su mano derecha, la linterna encendida dibujaba un círculo trémulo en la oscuridad; en su bolsillo izquierdo, la microficha de "La Red de Plata" se sentía tan pesada y letal como un bloque de plomo.
A cincuenta metros, los faros de las dos camionetas negras la cegaban, recortando las sil