Mundo ficciónIniciar sesiónMientras Valeria y Julián huían por la costa, el silencio regresaba a la Hacienda "Los Alisos" como una mortaja. Pero no era el silencio de la paz, sino el de la espera. Bruno Olmos, con el uniforme manchado de barro y los ojos inyectados en sangre por la falta de sueño, no se había unido a la persecución marítima. Su instinto, ese que le decía que Aurelio Mendoza nunca ponía todos sus huevos en una sola cesta, lo había devuelto al origen de todo: el viejo pozo d







