Mundo ficciónIniciar sesiónDos de la madrugada. Apartamento de Chloe.
—«¿Qué dices? ¿Te pegó? ¿Esa maldita zorra se atrevió a pegarte?»
El grito de Chloe casi levantó el techo.
—«¡Y ese ciego de Alaric Blackwood! ¿No solo no te defendió, sino que además dijo que no tienes educación? ¡Mierda! ¡Ahora mismo voy a arrancarles la piel!»
—«Chloe…» —Seraphina la sujetó—. «No vayas. Estoy cansada».
Seraphina la sujetó con la poca fuerza que le quedaba.
Estaba sentada en el sofá, con el vestido vino tinto arrugado, el cabello que se había arreglado con tanta ilusión hecho un desastre, y la marca roja de los dedos de Serena aún grabada en su mejilla.
—«Chloe… no vayas. Estoy cansada». Tras un largo silencio, Seraphina la empujó suavemente y susurró:
—«Tengo hambre. En la cena de aniversario… no probé ni un bocado».
—Está bien, iremos a comer algo. Pero ¿ya lo pensaste? Lo de renunciar —preguntó Chloe finalmente.
—«Sí. No quiero seguir esperando» —respondió Seraphina, y su voz no tembló. —lo tengo todo claro».
Chloe le dio una pequeña sonrisa mientras suspiraba.
—Hoy dormirás en mi casa. Vamos, te invitaré a comer algo y luego iremos a dormir. No permitiré que duermas bajo el mismo techo que ese horrible hombre y tu insufrible hermana. Ya esos dos están pasando el límite de la cordura y la dignidad.
Seraphina no dijo una palabra y siguió a su amiga, el solo pensara en Alaric, sus manos rozando su cuerpo, sus ojos observándola de aquella manera, hizo que todo en ella se despertara de una manera que odiaba.
Mientras Clie, hablaba con ánimos de todo y nada, buscando una manera de hacerla sentir mejor.
A la mañana siguiente, Seraphina entró al Grupo Blackwood vestida con una simple camisa blanca y pantalones negros.
No llevaba maquillaje ni una sola joya.
Durante cinco años se había levantado media hora antes cada día para mostrarle a Alaric su mejor versión; hoy, por primera vez, ya no era necesario.
Al entrar al Departamento de Diseño, la atmósfera cambió instantáneamente.
La conversación entre sus compañeros, hizo que se detuviera de inmediato, al escuchar sus palabras maliciosas.
―¿Escuchaste cómo fue humillada el día anterior?—susurro uno de ellos con un tono cargado de burla
―Me entere, trabajo duro creyendo que sería la nueva jefa y no fue más que la burla de la fiesta…
―Se lo merece, siempre con esa mirada llena de superioridad, ella me desagrada demasiado…
―Oigan ella no nos ha hecho, nada, de hecho, considero que es amable, es un poco lamentable lo que le ocurrió…
Las palabras cargada de odio o lastima paraban, en lo que Seraphina decidió que como siempre solo los ignoraría, pues discutir con ellos, era perder su tiempo y solo arruinaría aún más su reputación sin importar lo que haga.
Pues siempre solía suceder, no importaba cuanto se esmerara por ser su amiga, las personas solían repudiarla al instante.
—«Seraphina, la nueva directora de diseño y el director general quieren verte en la sala de reuniones» —dijo una colega, sin ocultar su superioridad.
Dentro de la sala, el aire era opresivo.
Alaric Blackwood presidía la mesa, vestido de negro, con una expresión tan fría que parecía capaz de congelar el tiempo.
Frente a él yacía el proyecto fallido y un correo de queja del cliente que exigía una indemnización de ocho cifras.
Alaric levantó la vista un instante, notando sus ojeras y la sencillez de su aspecto, recordando las palabras de la noche anterior.
—«Comencemos» —su voz era hielo puro.
En la pantalla apareció el diseño. Seraphina detectó el error de inmediato: habían modificado su engaste original de cuatro garras por uno de seis, arruinando la refracción de la luz.
—Rick, te pido perdón, es mi culpa. Todo es mi culpa; después de todo, es mi responsabilidad. Aunque este proyecto siempre lo llevó Seraphina… —Serena se levantó con un gesto de culpa perfectamente ensayado—. Así que, por favor, no seas tan rudo con mi hermana, ella….
—«Tocaste mi diseño» —interrumpió Seraphina, haciendo que la pareja la observara con curiosidad. Serena no podía creerlo; Seraphina jamás había sido tan audaz como para enfrentarla.
—«¿Tienes pruebas?» —desafió Serena con arrogancia. Pensó que Seraphina solo estaba alardeando y que era hora de demostrarle quién mandaba y quién tenía el corazón de Alaric Blackwood.
—«Sí las tengo, 'hermana'» —Seraphina caminó hacia la pantalla y abrió el archivo original. —«Aquí. Es un error básico de curvatura. No es que mi diseño sea barato, es que tú lo arruinaste».
La sala quedó en un silencio mortal. Alaric cerró el archivo con indiferencia, sin validar la evidencia de Seraphina.
—«Basta» —sentenció Alaric—. «Seraphina, ya que eres la responsable principal de este diseño, debes asegurarte de que no haya problemas. Discúlpate con la directora Serena por tu actitud».
Serena sonrió apenas.
El corazón de Seraphina se hundió.
De repente lo entendió: la verdad no importaba. Lo que importaba era a quién creía él.
En la sala comenzaron los susurros.
—«La directora Serena es amiga de la infancia del presidente Alaric. Futura señora Blackwood».
—«¿No dicen que Alaric ya está casado?»
—«La nueva directora es demasiado buena…»
Seraphina se dio la vuelta y salió de la sala.
Frente a la oficina del presidente. Se apoyó contra la pared y cerró los ojos.
Imágenes cruzaron su mente: el chico bajo la lluvia cuando tenía trece años; el latido acelerado al verlo por primera vez; estos cinco años levantándose media hora antes cada día; incontables proyectos firmados por otros; mil noventa y seis noches esperando en aquella habitación de diez metros cuadrados.
Eso era lo que había esperado.
Seraphina respiró hondo, reunió el valor y llamó a la puerta.
—«Adelante», llegó la voz fría de Alaric.
Entró y caminó hasta el escritorio. Él no levantó la vista.
Colocó la carta de renuncia sobre la mesa.
Entonces él alzó la mirada hacia ella.
Era la primera vez que la observaba tan de cerca, tan directamente
—«¿Qué significa esto?» —preguntó él, alzando la vista.
—«Voy a renunciar. Fírmalo».
—«¿Solo por lo de hoy? ¿No ves estas siendo demasiado inmadura?







