El sótano tres del estacionamiento del hospital era un laberinto de columnas de concreto y luces de neón parpadeantes que proyectaban sombras alargadas sobre el suelo de asfalto gris.
El aire allí abajo era denso, impregnado del olor a combustible y el eco lejano de los motores que resonaban en las rampas de acceso.
Seraphina llegó sola esa tarde.
Daniel se había quedado atrapado en la planta baja con el equipo de Vanguard, lidiando con un problema de acreditación en los torniquetes de segurida