El sol apenas lograba filtrarse entre las nubes espesas cuando el grupo retomó su marcha. Ethan seguía inconsciente, flotando con suavidad dentro de la esfera de luz que Adelia mantenía alrededor de él. Aunque había logrado estabilizarlo, sus fuerzas estaban mermadas. Cada paso le costaba, pero no se rendía. No podía hacerlo. No cuando la vida de él pendía de su voluntad.
Kal caminaba a su lado, silencioso. El resto del grupo —veintisiete guerreros— avanzaba en formación dispersa pero alerta. H