Kael no tardó en sentirse atraído. Aunque no lo admitiera, buscaba pretextos para verla. La sensación que lo recorría cada vez que ella lo saludaba con esa sonrisa suave era imposible de ignorar. Su aroma lo envolvía, lo tranquilizaba. Merek, siempre observador, lo molestaba sin piedad.
—Tus ojos brillan como los de un adolescente cada vez que ella aparece —decía entre risas—. Admítelo, te gusta.
Cuando Adelia cumplió dieciocho años, el vínculo fue revelado. Kael sintió una oleada de energía re