Vi el miedo, el enojo y la frustración reflejarse en los ojos de Elettra; su rostro era una furia contenida.
— Elettra, ¿qué sucede? — pregunté, tratando de devolverla a la realidad — Es hora de movernos, Takeshi — bufó alterada pisoteando el celular, ignorando mi pregunta mientras subía de nuevo al auto — ¡Vamos!
Me puse al volante y el motor rugió al regresar a la carretera.
— ¿A dónde vamos? — insistí. Ella guardó silencio unos segundos, escaneando el paisaje con la mirada perdida antes de