El acta de adopción que había encontrado en la biblioteca seguía en mi poder, guardada en el bolsillo interior de mi chaqueta como un secreto que apenas comenzaba a comprender. María Pierro. Ese era mi nombre verdadero. Pero aún había piezas del rompecabezas que no encajaban. ¿Por qué mi madre adoptiva había huido conmigo? ¿De quién me estaba escondiendo? ¿Y qué papel había jugado Elisa en todo aquello?
Las preguntas me mantenían despierta por las noches, dando vueltas en la cama mientras Thiag