Después de calmar a Donovan, un coche de lujo, una isla privada, y un sobrino pendiente más. Los CEOS, por fin llegaron a un acuerdo.
La negociación había sido feroz, tres astutos empresarios contra uno solo, dos de ellos viejos zorros, no era nada sencillo para Donovan, evitar que lo timaran, o que le dieran gato por libre.
(...)
Más tarde ese día. Todo mundo regreso a su hogar, pero Lenin llevaba en las manos a su bodoque, que era casi lo mismo que una regordeta bomba de tiempo.
—