Un beso robado.
El padre mafioso acudió a la llamada de su hijo, sabía muy bien que era lo que quería, y si, necesitaban hablar.
Dentro de la habitación, Emill, no estaba de buen humor, el aura que emanaba no era buena, y tenía tensa a las enfermeras.
— Emill, al fin despertaste, ¿Cómo te sientes?
— ¿Cómo va a ser? ¡Me duele demasiado el brazo, no sé que me hicieron pero no deja de molestarme, la bala me dolía menos!
— Ya veo, despertamos de malas, ¿Eh? Si te duele tanto pide que te pongan más medi