El castigo para Estefanía.
El silencio que siguió fue abrumador. El hombre que era conocido como tirano, como indiferente al amor, y que había asegurado nunca más enamorarse, estaba confesando sus sentimientos.
— No... Tú no puedes, no puedes amarla a ella, ¿Y yo qué? ¡He sido tu mujer por meses, he estado para ti cada que me lo pediste!
Doménica no podía evitar que saber que ellos estaban hasta hace poco en la cama, le afectara.
— ¡Suficiente, me voy, ¿Por qué no tomas un micrófono y gritas que te has estado ac