El bebé Leo, llama a su abuelo.
El rostro de Domenica, estaba mojado, esa pesadilla se había sentido demasiado real. Ella todavía podía sentir el dolor punzante en su pecho.
— Lenin, ¿Dónde estás? No conozco este lugar, quiero verte, quiero que me abraces, quiero saber que estás bien, que no vas a dejarme.
La jóven de ojos violeta comenzó a sollozar, nada ahí se sentía bien, a su mente vinieron los momentos en que fue secuestrada, el momento en el que la sedaron y como en su inconsciencia podía escuchar lejanamente la