Anya
El pulso se me disparó. Agarré el bolso tan rápido que casi se me resbaló de la mano. Ni siquiera pensé en desayunar; apenas podía tragar aire en ese momento. Lo único que ocupaba mi mente era llegar a la empresa de Orion antes de las siete. Antes de darle la más mínima razón para quejarse de mí ante Kennedy.
El trayecto se sintió dolorosamente largo. Aún era temprano, pero el tráfico ya empezaba a congestionarse. Tamborileaba los dedos sobre el volante, golpeando nerviosamente cada vez qu