El silencio dominaba la sala.
Vanessa seguía mirando la pantalla.
Pálida.
Inmóvil.
Como si hubiera visto un fantasma.
Gabriel se acercó.
—¿Quién es?
Ella tardó unos segundos en responder.
Segundos demasiado largos.
—Laura Bennett.
Helena frunció el ceño.
Ese nombre no le decía nada.
Pero claramente significaba algo para Vanessa.
—Trabajó conmigo durante años.
continuó.
—Era una de las personas en las que más confiaba.
El silencio regresó.
Porque aquella frase ya se había vuelto peligrosa.
En lo