A las siete y cincuenta de la noche, Helena ya estaba lista.
O al menos eso se decía a sí misma.
Porque en los últimos quince minutos se había cambiado de ropa tres veces.
Lo cual era ridículo.
Completamente ridículo.
No iba a una cita.
No iba a un evento corporativo.
Y mucho menos a una reunión de Valença Global.
Era solo una salida con Emma.
Como hacen las personas normales.
Y aun así...
Se sentía extrañamente nerviosa.
El intercomunicador sonó.
—Helena, tu amiga ha llegado.
—Gracias.
Pocos m