Habían pasado tres días en qué Andrés se fue de viaje por negocios. Tres largos días sin un solo mensaje, sin una llamada, sin una señal. Andrés se sentía como una sombra dentro de su propia vida. No sabía si Mariana estaba bien, si pensaba en él, si lo extrañaba siquiera. Esa ausencia, ese silencio prolongado, calaba profundo en su pecho, como un vacío que no podía llenar ni con pensamientos positivos ni con ilusiones.
Apretó los puños sobre sus muslos, intentando mantener la compostura. Pero