—Si las hice sentir así, lo lamento —respondió la encargada de la boutique con ironía, cruzando los brazos con desdén.
Sofía sintió cómo la rabia subía por su pecho. Odiaba a la gente condescendiente y esa mujer lo era en cada gesto y palabra que hacía y decía.
—Mire, señora, que usted trabaje aquí no quiere decir que… —Sofía no alcanzó a terminar su frase porque Mariana le tomó del brazo con firmeza para calmarla, conocía a su amiga lo explosiva que es.
—Cálmate —susurró Mariana en su oído, in