El sonido monótono del monitor cardíaco llenaba la habitación del hospital, marcando el ritmo lento pero constante del corazón de Amelia Cartier. Su cuerpo estaba conectado a una serie de máquinas que mantenían sus signos vitales estables, pero su rostro, pálido y sereno, parecía el de una persona atrapada en un sueño profundo. Amelia estaba en coma.
Brith estaba sentado junto a su cama, con los codos apoyados en las rodillas y la cabeza entre las manos. Desde el accidente, no había podido dorm