El despacho de Andrei estaba sumido en penumbra, iluminado solo por la luz tenue de una lámpara de escritorio. Su rostro permanecía serio mientras tamborileaba los dedos contra la madera pulida. Frente a él, Sofía estaba sentada con los brazos cruzados, observándolo con una mezcla de preocupación e incertidumbre. La situación se estaba saliendo de control, y ambos lo sabían.
"Jean-Luc Moreau —murmuró Andrei, como si el nombre fuera un veneno en su lengua—. "Él es la clave de todo. Si Amelia sabí