Astrea tenía que calmarse un poco, sacó de su bolso bandolero amarrado a su cintura una cajetilla de cigarros que tenía letras en idioma árabe, puesto que la había comprado en el Medio Oriente, y todavía le quedaba un poco más de la mitad. Puesto que consideraba que era un vicio tan tonto, pero autodestructivo.
Solo fumaba cuando la rabia estaba a punta de hacer florecer, su verdadera naturaleza. La última vez no fue nada agradable, encendió el cigarrillo y le dio una larga calada cerrando los