Todavía el cuerpo de Kail vibraba de la rabia contenida ante aquella orden de su padre, él siempre tenía la costumbre de imponer su voluntad. A veces pensaba que lo trataba más como a un peón que como a su propio hijo, era como si no se diera cuenta de que en unos pocos días sería su igual.
En ese instante vino a su memoria el momento cuando lo retó por primera vez.
—Hagamos un trato, Alfa —le había dicho cuando le presentó su propuesta—. Si no tengo resultados en seis meses dejaré que todo s