38-La llamada.
En cuanto regresaron a casa, Nas subió directamente a su habitación.
Ni siquiera fingió tener hambre.
Ni siquiera se quitó los zapatos al cerrar la puerta.
Toda su atención estaba puesta en el pequeño teléfono que Teo le había entregado.
Lo dejó sobre la cama y comenzó a caminar de un lado a otro de la habitación, inquieta, abrazándose a sí misma por momentos, mirándolo constantemente como si pudiera obligarlo a sonar solo con la fuerza de su ansiedad.
Las horas pasaron lentas.
Demasiado