48—El camino de regreso.
El puerto estaba envuelto en la oscuridad de la madrugada.
Dominik permanecía de pie junto al muelle, con una mano dentro del bolsillo del pantalón y la otra sosteniendo un cigarro que se consumía lentamente entre sus dedos.
Llevaba casi media hora esperando.
Media hora mirando el horizonte e imaginando todos los escenarios posibles.
Cada pocos segundos observaba el reloj, después el mar y luego el reloj otra vez. Le costaba mantenerse quieto, hasta que finalmente distinguió una silueta