El golpe en la puerta de Isabella llegó a las nueve y diez.
No fue un toque educado. Fueron tres golpes firmes y autoritarios que exigían atención. Isabella no dudó. Caminó hasta la puerta, la abrió y se hizo a un lado.
Sofía entró con dos bolsas de papel grandes de Le Petit Four y un termo que olía agresivamente a café fuerte. No saludó. Se quitó los tacones, lanzó su blazer sobre el sofá y dejó las bolsas sobre el escritorio de Isabella con un golpe sordo.
—Cruasanes de almendra —anunció Sofí