Un hombre apuesto, vestido de jeans y camisa negra de manga larga, con una pistola fajada en la cintura, era quien estaba esperando a la hermosa rubia que tenía las ropas y cabellos empapados de agua por la lluvia
— Nos volvemos a ver, novia mía, me he enterado que has estado jugando por ahí con Deeguel Rodríguez, no, no, no, muy mal hecho, sobre todo por qué ya tenías un hombre que decía querer muchísimo — Madrigal, trataba de disimular su furia, nunca había sido malo con ella, pero tampoc