El Dominio de la Sombra no se construyó con ladrillos, sino con el quebranto de la voluntad. En las semanas posteriores a la toma del trono, Bella no permitió que la vida en Bosque de Otoño volviera a la normalidad. Bajo su mando, la aldea se transformó en una fragua de pesadilla.
Bella descubrió que su vacío podía ser compartido. No como un regalo, sino como una marca de propiedad. En el patio de la mansión, ordenó que todos los guerreros aptos de la manada se presentaran ante ella. Ya no eran los lobos orgullosos de Lucas; eran hombres y mujeres rotos por el miedo.
—No quiero vuestra lealtad basada en juramentos vacíos —dijo Bella, caminando entre las filas mientras Leo flotaba a su lado, sostenido por hilos de sombra invisible—. Quiero vuestra esencia. Si vais a servir a la Eclipsada, debéis dejar de ser lobos de la luna.
Uno a uno, Bella puso su mano sobre el pecho de los guerreros. Al hacerlo, inyectaba una parte de su vacío en sus corazones. El proceso era agónico; el lobo inter