El amanecer se filtraba por las rendijas de la persiana, dibujando líneas doradas sobre el mapa desplegado en la mesa. Llevaba horas observándolo, memorizando cada ruta, cada punto de control, cada posible trampa. Mis ojos ardían por la falta de sueño, pero mi mente seguía trabajando a toda velocidad.
Levanté la mirada hacia la ventana. En algún lugar, más allá de este refugio temporal, estaba la respuesta que habíamos estado buscando durante tanto tiempo. La prueba definitiva que conectaría a