Verdades dolorosas.
La doctora había cerrado los ojos esperando sentir el dolor que las garras de la loba provocarían en ella, pero eso nunca sucedió.
— Ssss...
Se escuchó a un hombre sisear de dolor, lo que hizo a la mujer platinada abrir los ojos.
— ¿Pero qué crees que estás haciendo? ¡No te interpongas entre esta humana y yo, ella no es Diana de estar aquí, mucho menos de llevar el cachorro del Alfa! — Siomara le rugió al hombre que aún estaba de espaldas.
— ¿Qué demonios haces Siomara? ¡Te acabo de ad