Una compañera mortal.
El faraón no apartaba la mirada del perfecto cuerpo de la bella mujer de ojos azules. La deseaba con todo su ser, y ella le había pedido que la hiciera suya.
En ese momento todo el autocontrol del hombre se fue por la ventana, besó a Oriana atrayéndolo a su cuerpo. Después la cargó en sus brazos y la llevó a la cama.
— Ahhh...
Los gemidos de la mujer al ser besada por toda la piel, eran escuchados por el faraón, él hacia que ella se estremeciera de pies a cabeza, mientras que el disfrutaba cada paso que daba.
— Eres exquisita...
Cuando el egipcio se enterró en la húmeda intimidad de la mujer, hasta ese momento se dió cuenta de que su amada era virgen.
Oriana gimió y jadeó de dolor, estaba entregando su primera vez a ese ser extraordinario al que amaba con locura.
— Marcelo... Duele...
— Querida, tú... Eres... Esta es tu primera vez. ¡Por todos los dioses egipcios, soy tu primer hombre...! Creí que tú y ese tipo...
— No... Nunca pasó nada entre nosotros, para eso