Si, el cachorro es tuyo...
Al ver la impresión desmedida en los azules ojos de la mujer que llevaba a su cachorro, el Alfa se dió cuenta de que se había excedido con ella.
Por el momento no podría explicarle como era que sabía que estaba embarazada, no podía simplemente decirle que él podía oler a su lobezno en su vientre.
— Dime, ¿Hubo consecuencias de esa noche que pasamos juntos? ¿Te quedaste en cinta? Puedes ser honesta conmigo.
— ¡No! ¿Qué te hace pensar eso? — Elizabeth se llevó una mano a los labios, sin que