Los ardientes antojos de la reina luna.
Por la mañana Elizabeth se despertó pero su Alfa ya no estaba en la habitación, ella se puso una bata sobre su pijama, ella se veía hermosa.
La reina luna estaba bajando con cuidado los escalones para no caerse, en ese momento Emiliano también bajaba y le ayudó, no podían arriesgar la vida de la cachorrita que todavía seguía creciendo en el vientre de su madre.
— Gracias Emiliano, iré a buscar a Damiano.
— Seguro está en el despacho, ve.
La bella mujer entró al despacho sin tocar,