Devuélveme a mi príncipe.
El vampiro analizó detenidamente al niño, su físico, su cloro de tez, su aura. Sin duda era como él, parte de él, su príncipe. Levantó la mirada para buscar la mirada esmeralda de su rival.
— ¿Qué haces tú con mi hijo? ¡Devuélvemelo!
— Jajaja, ¿Verdad que no es lo mismo hacer a qué te hagan? Ahora yo tengo a tu heredero, y puedo hacer con él lo que se me venga en gana, puedo matarlo, o puedo encerrarlo en el calabozo más profundo de mi castillo, dónde jamás volverá a ver la luz del día, y