C39- QUEDÁTE.
C39- QUEDÁTE.
El placer, esa densa niebla de sensaciones que la mantenía flotando, comenzó a disiparse como el humo, fue cuando Isabella sintió el peso primero en su conciencia y luego en sus huesos.
El calor del cuerpo de Aslan a su espalda ya no era un refugio, era un recordatorio. Un recordatorio ardiente y húmedo de lo que había hecho: tener sexo con el amigo de su prometido.
«Demonios, Isabella… ¡¿Qué carajos hiciste?!»
Con movimientos lentos, cautelosos, se deslizó de entre sus brazos. Y