Han pasado los meses y el silencio aún pesa.
Coromoto se había marchado sin una palabra, sin explicación alguna y Ángel, aquel hombre que alguna vez se sintió dueño del mundo a su lado, nunca comprendió el motivo de su partida. Tal vez era un asunto de destino o de algo más profundo que él no entendía.
Lo cierto es que la vida continuó, imparable, fría, y él tuvo que aceptar que, por más que lo deseara, no podía cambiar lo ocurrido.
Su amor se desvaneció como una sombra al atardecer, y con e