Paciencia

En serio, no quería enojarse con su compañero… Pero Milo estaba agotando su paciencia y...

—Ya, no hace falta que te lo tomes tan a pecho, Etiel, fue una broma y…

—A la mierda —bramó, perdiendo toda la paciencia que le quedaba—. Me has hecho enojar en serio —Se acercó peligrosamente a Milo—. Pon atención a esto —Hundió un dedo en el pecho del chico, sin importarle si ejercía mucha presión y habló entre dientes—: No vuelvas a pronunciar mal mi jodido nombre, lo haces a propósito. Y otra cosa, ha
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