Las cosas no podían ir de mal en peor o… Bueno, quizá sí.
No sabía cómo denominar a la nueva etapa que estaba experimentando, no sabía cómo ni de qué manera explicar las emociones que nacían en su pecho cada que lo tenía cerca y, la realidad —por ahora—, tampoco quería saber. Él estaba bien, se sentía bien y mientras continuara de esa forma no tenía por qué razón buscar la quinta pata al gato.
Desde de que aceptó conocer al chiquillo fuera del entorno común de ambos (la cafetería), había descub