La oficina de Alejandro era un santuario de cristal y cuero, un lugar que exhalaba un poder tan antiguo y sólido que hacía que Eva se sintiera como una mancha. Él se servía un trago, el cristal de la botella tintineando contra el vaso mientras la observaba con esa mezcla de superioridad y curiosidad científica.
— Dime, Eva — comenzó él, sentándose frente a ella y cruzando las piernas con una elegancia impecable — ¿Cómo terminó alguien como tú involucrada con un tipo como Ulises? ¿De qué forma t