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El sabor amargo de la impotencia me llenaba la boca mientras veía a Isabella salir de la mansión con paso apresurado, recuperando parte de su soberbia en cuanto cruzó el umbral. Haberla enfrentado fue un triunfo moral, pero legalmente estábamos contra la pared. El informe toxicológico era una prueba sólida, pero el pañuelo había sido obtenido de manera ilegal en una propiedad privada y, lo más frustrante de todo, su estado de embarazo la convertía en una figura intocable ante cualquier medida d